Cada 17 de mayo, el Día Mundial del Reciclaje vuelve a instalar una pregunta incómoda: ¿Quién debe hacerse cargo de los residuos que genera la sociedad moderna? Aquí les dejamos una propuesta que ya está funcionando en otros países del mundo.

Columna
Mientras los municipios enfrentan costos crecientes para sostener la recolección y disposición final, los residuos son cada vez más complejos, tienen diferentes riesgos ecotoxicológicos y presentan dificultades tecnológicas y económicas para recuperarlos.
En numerosos casos, el costo del reciclaje supera el valor económico del material recuperado. Esta situación sumada a las deficiencias de gestión, lleva a una acumulación o enterramiento de los mismos en muchos casos de manera descontrolada bajo el nombre de “Basurales a cielo abierto”.
Pilas, electrónicos, envases multicapa, plásticos de baja reciclabilidad, pinturas, solventes o residuos patogénicos domiciliarios forman parte de una nueva generación de desechos que excede ampliamente el esquema tradicional de “sacar toda junta la basura”. Por eso, la economía circular no puede sostenerse únicamente con tasas municipales o buena voluntad ciudadana. Requiere financiamiento ambiental estable, participación industrial y normas claras.
Los envases, empaques y embalajes constituyen componentes inherentes al producto y a la logística comercial moderna. Su diseño, materialidad, reciclabilidad y complejidad ecotoxicológica son definidos aguas arriba por fabricantes e importadores, por lo que la responsabilidad sobre su gestión postconsumo no puede recaer exclusivamente sobre consumidores o municipios.
En este contexto, la logística inversa aparece como una herramienta central para financiar y ordenar la transición desde basurales a cielo abierto hacia sistemas aceptables de gestión ambiental.
¿Qué es la logística inversa?
La logística inversa es el sistema mediante el cual los residuos regresan desde el consumidor hacia circuitos de recuperación, reciclaje, tratamiento o disposición final segura. A diferencia del modelo lineal tradicional —producir, consumir y descartar— la logística inversa incorpora trazabilidad, recuperación de materiales y corresponsabilidad entre industria, comercio, consumidores y Estado.
La experiencia internacional
Países como Alemania desarrollaron sistemas avanzados de logística inversa bajo el principio de Responsabilidad Extendida del Productor (REP).
Allí, fabricantes e importadores financian gran parte de los sistemas de recuperación y reciclaje de envases, electrónicos, pilas y otros residuos complejos, logrando tasas de recuperación superiores al 90% en algunos materiales. También han avanzado en normativas donde las empresas deben financiar la recuperación de los residuos derivados de los productos que colocan en el mercado.
Entonces, ¿por qué el Estado Provincial y Nacional no lo incorporan en marcos normativos?, ¿por qué no hay recursos de amparo judicial sobre empresas e importadores?
En Argentina el antecedente de envases fitosanitarios es uno de los más importantes de logística inversa establecido por la Ley Nacional 27.279. La normativa obliga a productores, registrantes y comercializadores a garantizar sistemas de recepción, trazabilidad y disposición segura de los envases utilizados en actividades agropecuarias.
Más allá del “yo pago mis impuestos”, la gestión moderna de residuos no puede analizarse únicamente desde una lógica tributaria tradicional.
La transición desde basurales a cielo abierto hacia sistemas GIRSU (Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos) eficientes no será sostenible si la carga económica y operativa continúa recayendo casi exclusivamente sobre los municipios.
La necesidad urgente de una Ley de logística inversa, no es solamente una herramienta ambiental, es también una discusión sobre equidad, financiamiento y responsabilidad en los modelos actuales de producción y consumo.
Ing. Agr. Eduardo Angulo
Lic. Ens Ciencias del Ambiente
Prof. De Economía Ambiental y Ecotoxicología


