Detrás de cada jineteada del Festival de Doma y Folklore existe un trabajo artístico tan intenso como el que ocurre en el campo: músicos, relatores y payadores ponen voz, música e improvisación para darle ritmo y emoción a cada monta, convirtiendo la destreza del jinete en un espectáculo completo que vibra junto al público.
¿Alguna vez te preguntaste qué sucede detrás de una jineteada en el Festival de Doma y Folklore?
Mientras los jinetes enfrentan la destreza del caballo en el campo, hay otro espectáculo que ocurre en paralelo y que muchas veces se escucha, pero no se ve: el trabajo de músicos, relatores y payadores que acompañan cada monta con música, relatos e improvisación.
Desde el palco de los relatores y payadores, Agustín Fakelmann cumple un rol clave. Es acordeonista del festival desde 2019, su tarea es levantar al público con música de chamamé mientras se desarrollan las jineteadas. Fakelmann destacó el gran trabajo en conjunto que realizan en el palco, donde guitarristas, payadores y músicos se complementan para darle ritmo y emoción a cada momento.
Octavio Utreras, el guitarrista oficial de las jineteadas realiza punteos y acompaña la música. El payador aporta la milonga y la improvisación, y Octavio suma los arreglos musicales, una tarea que lleva adelante desde hace más de diez años.
Su improvisación se basa en las escalas de la guitarra: mientras el payador va cambiando los acordes, él sigue la música con punteos que se adaptan a cada relato.
Además de su faceta artística, Utreras es oriundo de Chubut y se desempeña como docente rural desde hace más de siete años, trabajando en una escuela con chicos del interior, combinando la educación con su pasión por la música folklórica.

La voz que une el campo con el público también tiene nombre. Nahuel Pellejero, oriundo de Las Flores, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, es relator del festival desde hace cinco años. Junto a otros compañeros, relata y anima alrededor de 80 caballos por noche, información que reciben a través de una planilla de organización.
Su función es ser el nexo entre lo que sucede en el campo de jineteada y el público espectador, tanto el que está presente como el que sigue el festival por la televisión pública. A través de pinceladas de historias, describen cada monta y le dan contexto a lo que ocurre, transformando la jineteada en un relato vivo.
“Relatar es animar a la gente, es llevar la fiesta durante todo el día”, explican. Y ese espíritu festivo se refleja en el estado de felicidad del público, que vibra no solo con la destreza del jinete, sino también con la música y la palabra que hacen del Festival de Doma y Folklore una experiencia completa.




