El médico infectólogo Diego Chalimond habló sobre la gravedad que esto implica para la salud de la población y sostuvo que faltan más campañas fuertes de prevención y concientización. Lo que ocurre a nivel nacional también se da en la zona, con una multiplicación de las personas diagnosticadas con esta enfermedad.

En lo que va del año, ya se registraron 36.702 casos de sífilis en la Argentina, lo que implica un aumento del 20,5% en relación al 2024.
Pero esta realidad no es ajena a nuestra región, donde los pacientes diagnosticados con esta enfermedad de transmisión sexual, también viene teniendo un incremento significativo.
Así lo ratificó el médico infectólogo Diego Chalimond, que ratificó estos números terribles que muestran las estadísticas a nivel nacional.
Aseguró que no es una problemática de países emergentes, como la República Argentina, sino que también es una tendencia que está haciendo estragos en países desarrolladas.
Chalimond sostuvo que, si bien es una cuestión multifactorial, hay un derrumbe en la prevención de las enfermedades de transmisión sexual.
“El preservativo se usa poco y nada”, subrayó el profesional, que incluso aseguró que muchos jóvenes, ni siquiera saben cómo se utiliza.
A esto se suma que hay paradigmas en las relaciones humanas que se van modificando y, en la actualidad, dos personas que se conocen en redes sociales pueden mantener relaciones sexuales casi de manera inmediata y sin medidas de cuidado.
“En mi caso lo que más veo son casos de sífilis”, destacó Chalimond, que también se mostró alarmado porque muchos de los diagnósticos se dan en mujeres.
Esta enfermedad se transmite por una bacteria -Treponema Pallidum- y provoca lesiones denominadas chancros en las zonas erógenas.
Si bien esta “llaga” puede desaparecer en pocos días, dejando de producir molestias, la sífilis sigue su curso asintomáticamente y, si no es tratada, puede generar afecciones en el sistema nervioso y en los huesos.
A su vez, muchos contagios se dan de madre a hijo, lo que puede implicar con los bebés afectados por la enfermedad y, en casos más extremos, culminar con la muerte del recién nacido.
La sífilis es muy contagiosa y este rebrote representa un serio riesgo para la salud de la población, si no se toman medidas en forma inmediata.
Chalimond cuestionó duramente que no existen campañas de prevención y los estados no destinan recursos suficientes a este tipo de políticas públicas.
Todo esto sin tener en cuenta el contagio de otras enfermedades de transmisión sexual, como el HIV o la gonorrea.
Los antivacunas son un verdadero peligro
A su vez, Chalimond también opinó sobre la convocatoria que realizó al diputada chaqueña del PRO, Marilú Quiróz, que pretendió cuestionar la vacuna contra el covid, pero con una clara intención de extrapolarlo a todas las demás.
“Es algo recontra reprochable”, enfatizó el entrevistado, quien resaltó que toda la comunidad científica salió a repudiar semejante acto de irresponsabilidad por parte de una representante del Congreso de la Nación.
Chalimond sostuvo que las vacunas están entre los tres hitos científicos más importantes de nuestro tiempo y ayudar a erradicar, prevenir o evitar la mortalidad que producían cientos de enfermedades a lo largo del tiempo.
El mito antivacunas surgió de una mentira.
El 26 de febrero de 1998 fue el día en que se generó una ola de desconfianza internacional sobre las vacunas cuyos efectos reverberan hasta hoy en día, 20 años después.
Aquel día, en Londres, el médico Andrew Wakefield presentó una investigación preliminar, publicada en la prestigiosa revista científica The Lancet, en la que decía que doce niños vacunados habían desarrollado comportamientos autistas e inflamación intestinal grave.
Lo que tenían en común, según el estudio, era que los niños tenían restos del virus del sarampión en el cuerpo.
Wakefield y los compañeros de ese estudio sugirieron la posibilidad de que hubiera un “vínculo causal” de esos problemas con la vacuna conocida como MMR, por las siglas en inglés de las enfermedades sarampión, paperas y rubeola, que había sido aplicada a 11 de los 12 niños estudiados.
El propio Wakefield reconocía que se trataba únicamente de una hipótesis: la vacuna podría causar problemas gastrointestinales, que llevaban a una inflamación en el cerebro y tal vez al autismo.
Recién en 2010 se descubrió que el médico había sido financiado por abogados que querían accionar legalmente contra el laboratorio que fabricaba la vacuna tripe viral, por lo que terminaron sacándole la matrícula.
Esto quiere decir que el mito del movimiento antivacunas está fundado en una falacia científica total y comprobada.


